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EQUINOCCIO DE OTOÑO

 (Sábado 22 de septiembre a les 16,49. 14,49 hora solar)

Es como si la lluvia no quisiera faltar para anunciarnos la llegada del otoño. Los equinoccios son los únicos momentos del año en los cuales noche y día duran exactamente el mismo tiempo en todo el planeta. Mientras en el hemisferio sur les flores aparecen y el sol y la luz ganaran la batalla a la noche, en nuestro hemisferio asistimos a la caída de las hojas y la mayoría de las cosechas se encuentran ya en buen recaudo. La vendimia ha concluido y la fiesta y la alegría, el baile y el agradecimiento se viven en el aire.

Y es esta una de las celebraciones de la antigüedad que mas hemos perdido. Tal vez porque no estamos acostumbrados a dar las gracias por lo que nos ha aportado el año. Esta es la esencia de esta festividad. Poco a poco el Dios Sol vuelve al vientre de la Gran Madre, y su retorno total al Graal de la Diosa nos lo marcara el Samhain (la Castañada, la noche en la cual el velo entre los mundo se difumina). Pero ahora toca dar las Gracias.  Basándonos en el ciclo de la vida y la naturaleza, en la antigüedad, en las sociedades agrícolas era un gran momento y se agradecía todo aquello que se había plantado y había dado sus frutos y abundancia. Posteriormente se iniciaba un periodo de meditación para saber qué es lo que deseamos dejar atrás y no llevar con nosotros en el nuevo año que se iniciaba en la antigüedad, según las antiguas tradiciones de los pueblos celtas, en el Samhain (la segunda Luna Llena posterior al Equinoccio de Otoño).  Siguiendo esta tradición no debe extrañarnos que las Virgenes (Mdres de Dios) encontradas se celebre el 8 de septiembre. Y que la fiesta de otra Virgen, como la Merce, se celebre en el Equinoccio de Otoño.

Gracias por todo lo bueno que hemos recogido, gracias por todas las prosperidades que hemos tenido, gracias por todos los buenos momentos que hemos vivido, gracias por las risas, por la puertas que se han abierto, por los deseos realizados, por los sueños plasmados. Pero también es el momento de dar las Gracias por lo que hemos aprendido. Y sabemos que los aprendizajes son duros, que crecemos a nivel personal y espiritual superando situaciones límites, pérdidas inesperadas, tristezas y lagrimas. Todo forma parte de la Rueda de la Vida y seguro que si miramos en nuestro interior objetivamente, tenemos motivos para dar las gracias. Incluso por aquello que nos ha causado dolor, pero que poco a poco vamos superando y nos va fortaleciendo como seres humanos.

Y dar las gracias es bueno, es bueno porque nos permite empezar a adentrarnos en nuestro interior y buscar las motivaciones positivas que hemos extraído de cualquier experiencia. Mi manera de dar la Gracias es muy sencilla, pero no por ello menos importante y profunda. Busco una vela que me guste, que me atraiga… Una vela con la cual “conecte” intuitivamente, sintiéndola en mi corazón. Me situó de cara al Este y rodeo la Caldera de los Cuatro Elementos (Este: Fuego, una pequeña vela encendida. Sur: Aire, una barrita de incienso de aquel que más nos agrade. Oeste: Agua, una copa de agua de manantial (sirve de botella) o de lluvia. Norte: Tierra, unas piedras, unos cristales, unos cuarzos o un simple plato con sal). En el interior de la caldera (os puede servir cualquier recipiente de barro, cobre, hierro e incluso cristal) ponemos la vela. Si esta es flotante habremos añadido antes el agua (siempre mineral) para que esta pueda flotar, si es una vela normal pendremos en el fondo del recipiente un poco de agua mineral y luego la vela en un soporte. El agua en la Caldera sagrada del Renacimiento nos recuerda las aguas de la vida y las lluvias que deberían caer en otoño según los ciclos normales). Encendemos el Elemento Fuego y permitimos que el humo surja del elemento Aire. No concentramos en dar las gracias y encendemos la vela con el sentimiento de la gratitud instalado en lo más profundo de nuestro corazón. Y nos quedamos el tiempo necesario meditando en voz alta sobre todo lo que queremos agradecer, incluidas aquellas cosas tristes, tan tristes como la perdida de una persona querida, porque lo que realmente queda es que la hemos conocido, amado y siempre llevaremos en nuestra esencia la huella de su esencia.

Cuando sintamos que hemos vertido todo nuestro agradecimiento, incluidas las lágrimas que probablemente surgirán de nuestros ojos, despediremos a los Elementos, apagaremos la vela del elemento Fuego, dando las gracias por la presencia de todos ellos en nuestro pequeño ritual y, finalmente, dejaremos que la vela del agradecimiento se consuma. Eso sí, siempre bajo vigilancia o dejando el recipiente que la contiene en un lugar seguro en el cual no pueda ocurrir ningún incidente. Y después lo celebraremos, saldremos, bailaremos, iremos a la feria del vino (los que vivimos en Barcelona) y recuperaremos aquel antiguo espíritu de la vendimia, de agradecimiento, alegría y paz.

Feliz equinoccio

elvira Freire

Elvira Freire, es  profesora  Tarot, runas y hierbas medicinales de la Escola Marilo Casals

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Un comentario el “EQUINOCCIO DE OTOÑO

  1. Me encanta esta lleno de amor y de paz, lo comparto.

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